Apurando la última calada de su último cigarrillo. Cerró los ojos. Sintió el viento en su cara. Sintió su mano dormida, mientras recorría su espalda, recordó cada segundo desnudo de su cuerpo. Abrió los ojos y solo había oscuridad, lluvia, contaminación, calles cortadas y coartadas perfectas. Entonces escribió su nombre en todos los muros de la ciudad. Reinventó su peculiar forma de caminar y se interesó por cuidar su descuidado pelo. Se sentó en medio de un segundo y sacó su foto del bolsillo.
La observó con cariño. Masturbó su mente con viejos momentos. Sintió de nuevo el sabor de su cuerpo en su lengua. Se creyó que estaba vencido, a punto de caer, a un segundo del delirio más amargo que nunca imaginó. Dos segundos después se creyó un dios. Invencible, aislado e impenetrable. Sueños de grandeza para un insignificante mosquito. Pasar de lo más alto al fondo de la mierda en dos segundos. Una montaña rusa. Una ruleta rusa. Ensaladilla rusa. Miedo en la pared de su estomago.
Miedo a tener miedo. Adrenalina, nicotina y mil palabras encantadoras fusilaban sus sentidos. Clavados sobre aquella mirada capturada. Mirada que decía adéntrate en mí. Vive dentro de mí. Seamos la misma persona por un minuto. Hablemos el mismo idioma en una habitación. Gritemos de placer. Irremediablemente él encendió otro cigarrillo
Cuando ella le dejó el quiso volar. Solamente un beso pintado con pintalabios detrás de la fotografía era lo único que tenía. Ninguna dirección, ninguna explicación, ni un rastro de vida aparente en 1000 kilómetros. Un laberinto eterno típico, predecible, ausente, frio y caliente. Sudor frio.
Malestar general. Imagen distorsionada en el espejo. Lugares que le parecían familiares. Calles por las que juraría haber pasado hace 5 minutos. Cambios de humor. Café. Tabaco negro. Dolor de garganta. Gritar y no tener fuerzas. Excitación, semen. Culpabilidad, ansiedad. ¡Vértigo!
Caída libre, el suelo cada vez más cerca. Su vida en un instante. ¿Cómo será probar el suelo?
Último instante de vida…y…
¡Cariño! Despierta.
-¿Dónde estoy?
-Estas en mi cama.
Su corazón se relaja. Sus manos van recuperando sensibilidad.
Besa sus labios, su mano recorre sus tetas.
-Joder, tuve un sueño.
Ella devuelve las caricias.
-Pensaba que te habías ido.
Se desnudan poco a poco.
-No quiero volver a tener un sueño así.
Ella besa su pecho, y con su lengua baja por su tripa.
-Ha sido muy malo.
Sus labios se detienen.
-¿Por qué?
Tócame.
Gemidos en la habitación.
Mismo idioma.
La observó con cariño. Masturbó su mente con viejos momentos. Sintió de nuevo el sabor de su cuerpo en su lengua. Se creyó que estaba vencido, a punto de caer, a un segundo del delirio más amargo que nunca imaginó. Dos segundos después se creyó un dios. Invencible, aislado e impenetrable. Sueños de grandeza para un insignificante mosquito. Pasar de lo más alto al fondo de la mierda en dos segundos. Una montaña rusa. Una ruleta rusa. Ensaladilla rusa. Miedo en la pared de su estomago.
Miedo a tener miedo. Adrenalina, nicotina y mil palabras encantadoras fusilaban sus sentidos. Clavados sobre aquella mirada capturada. Mirada que decía adéntrate en mí. Vive dentro de mí. Seamos la misma persona por un minuto. Hablemos el mismo idioma en una habitación. Gritemos de placer. Irremediablemente él encendió otro cigarrillo
Cuando ella le dejó el quiso volar. Solamente un beso pintado con pintalabios detrás de la fotografía era lo único que tenía. Ninguna dirección, ninguna explicación, ni un rastro de vida aparente en 1000 kilómetros. Un laberinto eterno típico, predecible, ausente, frio y caliente. Sudor frio.
Malestar general. Imagen distorsionada en el espejo. Lugares que le parecían familiares. Calles por las que juraría haber pasado hace 5 minutos. Cambios de humor. Café. Tabaco negro. Dolor de garganta. Gritar y no tener fuerzas. Excitación, semen. Culpabilidad, ansiedad. ¡Vértigo!
Caída libre, el suelo cada vez más cerca. Su vida en un instante. ¿Cómo será probar el suelo?
Último instante de vida…y…
¡Cariño! Despierta.
-¿Dónde estoy?
-Estas en mi cama.
Su corazón se relaja. Sus manos van recuperando sensibilidad.
Besa sus labios, su mano recorre sus tetas.
-Joder, tuve un sueño.
Ella devuelve las caricias.
-Pensaba que te habías ido.
Se desnudan poco a poco.
-No quiero volver a tener un sueño así.
Ella besa su pecho, y con su lengua baja por su tripa.
-Ha sido muy malo.
Sus labios se detienen.
-¿Por qué?
Tócame.
Gemidos en la habitación.
Mismo idioma.
